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Autoras/es
Antonio Javier Casas

En educación media superior, las calificaciones no solo acreditan aprendizajes, también inciden en cómo los estudiantes interpretan su desempeño, en las expectativas que construyen sobre sí mismos y en las decisiones que toman respecto de su continuidad educativa. Por eso, cuando las notas dejan de ofrecer una referencia relativamente clara sobre lo que se aprendió, el problema no es solo técnico, sino que también involucra dimensiones pedagógicas, psicológicas y éticas. Desde esa preocupación, este trabajo presenta resultados de una investigación sobre calificaciones de Física en educación media superior uruguaya y discute hasta qué punto siguen funcionando como una señal válida para reconocer logros, advertir dificultades y orientar trayectorias escolares.
El estudio examinó indicios compatibles con un posible proceso de inflación de calificaciones. Más que preguntarse únicamente si las notas son altas, el foco estuvo en analizar si conservan capacidad para diferenciar niveles de desempeño y si mantienen una relación razonable con variables cercanas al rendimiento. Se trabajó con datos de 321 estudiantes de entre 15 y 18 años, pertenecientes a 34 grupos de clase de cinco instituciones (dos públicas y tres privadas) de Maldonado, con participación de nueve docentes. Esa heterogeneidad de la muestra es relevante, porque el patrón hallado difícilmente pueda atribuirse solo a unos pocos casos aislados. Más bien, sugiere una dinámica más extendida, posiblemente ligada a factores institucionales y a modos relativamente instalados de evaluar.
Los resultados mostraron una concentración muy marcada de notas altas. La media fue 8.68 en una escala de 1 a 12, la mediana fue 9 y alrededor del 90% de las calificaciones quedó por encima del nivel de suficiencia. Este panorama contrasta con los resultados de PISA 2022, que muestran un desempeño bastante más moderado: en ciencias, solo un 2% del estudiantado uruguayo se ubicó en los niveles superiores.
El modelo lineal aporta un elemento importante para interpretar este cuadro. En conjunto, las expectativas de logro y el tipo de institución explicaron un 13.3% de la varianza del rendimiento. Las expectativas de logro mostraron una asociación positiva y significativa con la calificación, lo que es consistente con la literatura motivacional y sugiere que las notas todavía captan, al menos en parte, diferencias académicamente relevantes. Sin embargo, esa relación fue más bien acotada. Leído en este contexto, el resultado no solo marca un límite del modelo: también puede interpretarse como una señal de que las calificaciones quizá estén informando menos de lo que deberían, incluso cuando se las vincula con variables teóricamente próximas al desempeño. Dicho de otro modo, el problema no parece estar solo en que las notas sean altas, sino también en que expliquen poco cuando se las relaciona con factores que cabría esperar más estrechamente asociados al rendimiento.
También se observó que, aun controlando por expectativas de logro, las calificaciones fueron menores en las instituciones públicas que en las privadas. A la vez, la asociación entre nivel socioeconómico y calificación explicó apenas una porción mínima de la varianza. Esto vuelve insuficiente una lectura simplista según la cual la diferencia entre sectores se explicaría únicamente por el origen social del alumnado. Es posible que la variable institución esté captando otros procesos: diferencias en continuidad pedagógica, tiempo efectivo de clase, estabilidad de los equipos docentes, formas de acompañamiento o modos de administrar la exigencia académica. Pero también cabe otra posibilidad: que existan culturas de calificación distintas entre contextos escolares, con grados variables de indulgencia o severidad.
Todo esto vuelve especialmente pertinente el diálogo con la psicología educativa. Las calificaciones no son un dato neutro: también operan como mensajes sobre el valor del esfuerzo, sobre las posibilidades de logro y sobre el lugar que cada estudiante cree ocupar dentro de la escuela. Cuando esos mensajes pierden claridad, la evaluación también pierde parte de su sentido formativo y de su capacidad para ofrecer a los estudiantes una referencia justa sobre lo que realmente han aprendido.
En conjunto, los hallazgos no permiten establecer la existencia de inflación de calificaciones en sentido estricto, pero sí obligan a considerar seriamente esa posibilidad. La marcada concentración de calificaciones por encima del umbral de suficiencia, su asociación más bien débil con una variable motivacional que cabría esperar más estrechamente vinculada al rendimiento, el contraste con evaluaciones externas del aprendizaje en Uruguay y la recurrencia del mismo rasgo en una muestra heterogénea convergen en una misma dirección: las calificaciones de Física parecen conservar alguna relación con el aprendizaje, pero hacerlo de un modo menos preciso y menos útil para diferenciar niveles reales de logro. Cuando casi todos aprueban, la pregunta ya no es solo quién queda afuera, sino cuán poco aprendizaje sigue siendo necesario para quedar adentro.

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