La expansión de los modelos educativos basados en competencias en la educación superior latinoamericana ha transformado las formas de enseñar, aprender y evaluar en las instituciones universitarias. Estos procesos han estado asociados a políticas de aseguramiento de la calidad, innovación curricular y adaptación a contextos sociales y productivos dinámicos (Barnett, 2001; Tobón, 2013). Sin embargo, en muchas universidades regionales, la implementación de estos modelos ha generado tensiones entre los lineamientos institucionales y las prácticas educativas desarrolladas cotidianamente por el profesorado, especialmente en contextos caracterizados por ruralidad, dispersión territorial y diversidad de trayectorias estudiantiles.
La presente propuesta reflexiona sobre las tensiones existentes entre los modelos educativos basados en competencias y las prácticas educativas andragógicas en contextos territoriales de educación superior. Desde una perspectiva crítica y situada, se busca analizar cómo las exigencias institucionales vinculadas a perfiles de egreso, resultados de aprendizaje y procesos de acreditación dialogan, o entran en conflicto, con las características y necesidades de estudiantes adultos que participan en universidades públicas regionales.
La reflexión se sustenta en el concepto de condición epistémica de la andragogía, entendida como la necesidad de reconocer fundamentos propios para los procesos formativos de personas adultas, particularmente en escenarios donde predominan enfoques estandarizados de enseñanza y aprendizaje. En este marco, se problematiza la aplicación homogénea de modelos educativos diseñados muchas veces desde perspectivas centralizadas, que no siempre consideran las realidades territoriales ni las trayectorias diversas del estudiantado universitario (Knowles, Holton y Swanson, 2020).
Asimismo, se plantea que las tensiones entre políticas institucionales y prácticas educativas se profundizan en contextos donde los estudiantes combinan trabajo, maternidad, ruralidad, brechas digitales y experiencias educativas discontinuas. Estas condiciones evidencian la necesidad de avanzar hacia enfoques formativos más flexibles, contextualizados y coherentes con los principios de inclusión y justicia educativa (Freire, 2005).
La propuesta busca aportar a la discusión contemporánea sobre inclusión, accesibilidad y democratización de la educación superior, destacando la importancia de incorporar perspectivas andragógicas y territoriales en la implementación de modelos educativos universitarios. Del mismo modo, pretende contribuir al debate sobre las tensiones que enfrentan las instituciones de educación superior al intentar compatibilizar estándares institucionales con prácticas educativas pertinentes y contextualizadas.
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